La Universidad Complutense de Madrid y sus cursos del miedo

Cuando, unas pocas entradas atrás, hablábamos de la conferencia de un exorcista en la Universidad de Córdoba, lo hacíamos en un tono bastante ligero: hay que reconocer que hoy en día esas cosas ya no dan miedo, si acaso risa y vergüenza. Bueno, y pasmo. Pero eso no quiere decir que nuestra sociedad no siga teniendo miedos; los hay, y también fomentados por individuos en ropones largos (aunque suelen sustituir el hábito negro por la bata blanca) que nos aseguran que los demonios están entre nosotros. Unos demonios que tampoco podemos ver ni tocar, pero que siguen infiltrándose en nuestros cuerpos amenazando no con corrompernos el alma, sino con provocarnos toda clase de males terrenales.

Unos demonios que, afortunadamente, pueden ser exorcizados por esos mismos personajes que nos venden el miedo. Y que han sustituido los viejos púlpitos por lugares tan influyentes como las aulas de una universidad.

Como ocurre, por ejemplo, en la Universidad Complutense de Madrid, que alberga no uno sino dos cursos dedicados a hablarnos de la reencarnación moderna de Pedro Botero: la patología ambiental.

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Por supuesto, con esos títulos podría tratarse de cursos que abordasen realmente las patologías asociadas a factores ambientales, que las hay, y muchas. Lamentablemente, viendo los programas (en pdf aquí y aquí) y las entidades que organizan los cursos parece que van a hablar más bien de algunos de esos demonios imaginarios. Bueno, y de los exorcismos aplicables previa factura, claro está.

La primera de esas entidades es la Fundación Alborada, creada en su día fundamentalmente para el tratamiento de las adicciones pero que desde hace unos años se dedica al creciente negocio de tratar a los afectados por “sensibilidad química múltiple”. Un cambio que se produjo, por cierto, poco antes de que su presidenta comenzase un peregrinaje por diversos medios declarando que padecía esa enfermedad, que todos estamos expuestos a ella, y que gracias a los servicios de la Fundación estaba mucho mejor. Casualidades de la vida, ya ven. Los servicios que ofrece la Fundación permiten a los enfermos conocer qué enfermedad se supone que están padeciendo y tratarla en un, cito textualmente de su web, ambiente libre de químicos tóxicos mediante procedimientos de desintoxicación, evitación de químicos (sic), inmunoterapia e incluso un chulísimo servicio de, cito otra vez textualmente, dentista medioambiental. De este modo el cuerpo (y las mandíbulas) se libra de esos malvados demonios químicos, todo por unos precios… bueno, no muy módicos. Pero ya se sabe que una enfermedad imaginaria es muchísimo más cara de erradicar que una de verdad.

Y es que la característica fundamental de la “sensibilidad química múltiple” es precisamente esa: que según los estudios científicos, incluso con ensayos “de provocación”, se trata de una dolencia psicosomática. Los pacientes no experimentan esos síntomas cuando están en presencia de agentes químicos, sino cuando creen que lo están, aunque realmente les estén administrando algo tan inocuo como el aire puro. Se trata de una patología provocada no por la sensibilidad a determinados productos químicos, sino por el miedo a esos productos químicos. Y a los enfermos, por lo tanto, se les hace un flaco favor reforzando su miedo (y con ello su enfermedad) publicitando servicios como los de esta Fundación o, peor aún, dando categoría universitaria a esa publicidad.

Cosa que saben muy bien los otros organizadores, la Fundación Vivo Sano, porque de hecho participan de ese gran entramado que denunció en su día Mauricio-José Schwarz dedicado a vender y explotar económicamente el miedo a otra enfermedad similar, la “hipersensibilidad electromagnética”. La Fundación comparte sede social con diversas entidades y fundaciones dedicadas a esparcir el miedo a las radiaciones electromagnéticas, entre ellas una cadena de televisión. Lo cual, por cierto, sería el colmo de la ironía si no fuera porque lo supera el propio acto fundacional de la entidad: la Fundación Vivo Sano fue constituida… por una empresa de aparatos y componentes para telecomunicaciones.

Pero esa es la parte mala. La parte buena es que también ofrecen soluciones a ese pánico, a través de esa y otras de las franquicias de la empresa. En algunos casos muy económicas:

escuela sin wifi

Y en otras a través de una tienda virtual donde, previo paso por caja, pueden ustedes adquirir todo tipo de escapularios artilugios que les protegerán de los demonios electromagnéticos, alguno de los cuales, por cierto, ya ha pasado por esta lista.

Tienda de Salud Geoambiental   Creamos espacios sanos

Pero siempre, siempre, con el más sólido fundamento científico:

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El problema, claro, es el mismo que veíamos con la “sensibilidad química múltiple”: la “hipersensibilidad electromagnética” también es una enfermedad psicosomática (pdf), los estudios muestran, de nuevo, que los pacientes no reaccionan a la exposición a radiaciones electromagnéticas sino a la creencia de que están siendo expuestos a ellas (pdf), y su causa real es, por lo tanto, el miedo.

Miedo al que tan irresponsablemente contribuye la Universidad Complutense de Madrid con cursos como estos. Porque, vamos, no creerán ustedes que toda una universidad, una institución científica de categoría, creerá realmente en esas cosas, ¿verdad? ¿Verdad?

Pues si no lo creen, si aun piensan que unos responsables universitarios no pueden caer tan bajo como para creerse ellos mismos estas cosas, mejor no lean la próxima entrada. Puede darles un yuyu. Electromagnético, claro.

4 Comentarios

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Miguel BlancoMiguel Blanco

¿Algún responsable de la Complutense es capaz de pronunciarse sobre el asunto?
Aunque sea para admitir que la cosa está muy mal, que el pastel está mal repartido, que los recursos financieros son necesarios, vengan de donde vengan y esas cosas perentorias.

Saludos,

M.

gemuesgemues

Podría tratarse, presuntamente, de un torpedeo (por omisión de acción) a largo plazo contra las Universidades. Tales tentativas las vemos en todas ellas. El frente abierto ya no sería simplemente volar controladamente los servicios públicos, si no atacar directamente al pensamiento escéptico y crítico, fundamento del éxito de la Ciencia y del sostenimiento de la capacidad de libre juicio y eficaz criterio de los ciudadanos.
Yo, de los estudiantes europeos, tomaría en consideración estos indicios para evitar que se dañe irremediablemente el soporte, aún popular, al pensamiento científico.
Parece que hay demasiados crédulos, ineptos y acríticos entre los responsables de Universidades. Y no sé si tiene que ver este “reflujo” con el reinado de la derecha en Europa y con los brotes de ultraderechismo. Cabría que alguien estudie retrospectivamente este tipo de barbarie y regreso a los ancestros míticos para dilucidar si la estupidez ilustrada era igual en los 80 y 90.

JuanJuan

Buenas tardes,
A colación de este artículo y como lector habitual de lalistadelaverguenza y persona con capacidad para pensar de manera crítica, me permito el lujo de realizar un par de puntualizaciones.

El Director de los cursos a los que se refiere el artículo, además de Director del departamento de Anatomía Patológica de la propia Complutense, es el Jefe de sección de la Unidad de Anatomía Patológica del Hospital Clínico San Carlos. Entre el resto de profesores, “magufos” como Eduardo Rodríguez-Farré, Jefe del Departamento de Farmacología y Toxicología del CSIC (para quien no sepa, Consejo Superior de Investigaciones Científicas) que, entre otras cosas, lideró la parte científica del juicio del aceite de colza (¿o eso también es magufería?), Alejandro Úbeda Maeso (Doctor en Biología con formación postdoctoral en Biofísica en la US Environmental Protection Agency. Actual Jefe de Sección de Investigación de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal y consultor para diversas agencias internacionales y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Protección Radiológica), Nicolás Olea Serrano ( Catedrático del Departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada. Coordinador de Investigación del Hospital Clínico de Granada. Miembro del Comité de Expertos en Disrupción Endocrina del Centro Nacional Danés sobre Disruptores Endocrinos, y del Comité de Expertos en Disrupción Endocrina de Francia. ), Ceferino Maestu Unturbe (Director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo, Centro de Tecnología Biomédica, Universidad Politécnica de Madrid) o Ruth Echevarría (Licenciada en Física y Máster en Física Biomédica por la Universidad Complutense de Madrid, especializada en geofísica, biofísica y riesgos físicos ambientales y miembro del Comité Ejecutivo de Health and Environment Alliance).

Por otro lado, si bien es cierto que numerosos estudios no encuentran diferencias en la exposición a sustancias químicas y a placebo en sujetos hipersensibles, existe también numerosa literatura médica que apunta en el sentido contrario, evidenciando procesos patológicos como una elevación del ciclo del óxido nítrico (NO) y el peróxido nítrico (ONOO), un aumento de los canales de calcio regulados por voltaje o que encuentran diferencias metabólicas y/o genéticas entre sujetos sanos y enfermos:
Elevated nitric oxide/peroxynitrite theory of multiple chemical sensitivity: central role of N-methyl-D-aspartate receptors in the sensitivity mechanism./
Electromagnetic fields act via activation of voltage-gated calcium channels to produce beneficial or adverse effects/
Metabolic and genetic screening of electromagnetic hypersensitive subjects as a feasible tool for diagnostics and intervention./
Xenobiotic sensor- and metabolism-related gene variants in environmental sensitivity-related illnesses: a survey on the Italian population./
Biological definition of multiple chemical sensitivity from redox state and cytokine profiling and not from polymorphisms of xenobiotic-metabolizing enzymes./

Un saludo,

Juan

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