Mi modesta propuesta para el Día Mundial del Farmacéutico

Con el lío de Cataluña es muy fácil que otras noticias pasen como de puntillas, pero es posible que hayan leído ustedes algo sobre el informe que dedica a la homeopatía nada menos que el European Academies’ Science Advisory Council (EASAC). Un informe que ha sido calificado como “demoledor” no solo por sus conclusiones, que al fin y al cabo son similares a las de cualquier otro organismo científico que haya estudiado esa práctica, sino sobre todo por lo que representa: el EASAC agrupa a las Academias de Ciencias de los países de la Unión Europea, Noruega y Suiza, así como la Academia Europaea y All European Academies (ALLEA), de modo que su toma de posición es la de las Ciencias y las Humanidades en su conjunto.

Portada del informe

Como digo, el EASAC llega a las mismas conclusiones que cualquier otro organismo científico que haya estudiado la homeopatía, de modo que no me extenderé demasiado sobre ellas (aunque sí les recomiendo encarecidamente que lean el informe). Pero sí que me voy a fijar en una de ellas, aprovechando que hoy celebramos el Día Mundial del Farmacéutico. Dice el EASAC (en mi traducción):

La composición de los remedios homeopáticos debe ser indicada en la etiqueta de manera similar a la de otros productos destinados a la salud, es decir, debe haber una correcta, clara y sencilla descripción de los ingredientes y de las cantidades de los mismos presentes en la formulación.

No es un tema nuevo; ya lo comentamos, por ejemplo, aquí. Y aunque aquella entrada tenía un tono jocoso, no dejaba de responder a la misma preocupación (en aquella ocasión expresada por la Comisión Federal de Comercio de EEUU): que el etiquetado de los productos homeopáticos confunde a los consumidores. El EASAC resume este problema (puesto en evidencia por estudios como este) indicando que

Como se resaltó en el informe de la Cámara de los Comunes de Reino Unido (2010), su deficiente etiquetado proporciona a los productos homeopáticos una falsa legitimidad médica. El problema se acentúa porque, aunque las normas sobre etiquetado de la Unión Europea requieren que los productos empaquetados contengan una lista de ingredientes y sus cantidades, para los productos homeopáticos se ha establecido una excepción, de modo que se etiquetan con el nombre científico del material de partida seguido por el grado de dilución. Es improbable que los usuarios entiendan que no hay ingredientes activos, o solo una cantidad minúscula de ellos, en el preparado final (Hansson, 2013).

Estrictamente hablando, la excepción es para los productos autorizados sin indicación terapéutica aprobada (es decir, los mismos que también están exceptuados de la obligación de demostrar que sirvan para algo). Pero en la práctica se está aplicando a todos los productos homeopáticos, que pueden venderse indicando en su etiqueta productos que, si alguna vez estuvieron en el laboratorio, fueron eficaz y minuciosamente eliminados hasta no dejar rastro durante el proceso de elaboración.

Pero es, como bien dice el EASAC, una excepción, una anomalía en el Derecho Comunitario (y por tanto en los nacionales de los Estados miembros). Y una anomalía que debe cesar: no es de recibo que, en un tema tan delicado como la salud, la normativa europea no proteja a los consumidores, sino a los fabricantes.

Así que, en la línea de Farmaciencia, mi propuesta para el Día Mundial del Farmacéutico es la siguiente:

Solicitar que se suprima la excepción recogida en la normativa europea y española, de modo que los productos homeopáticos estén obligados a indicar en su etiquetado y prospecto su composición cuantitativa y cualitativa, indicando únicamente los componentes presentes según analítica.

Caja de "patitococcinum" indicando su composición: solo azúcar

Claro, según analítica en la mayoría de los casos saldrá que contienen solo azúcar, pero bueno, es lo que hay. Al fin y al cabo el hecho de que antes de que empezasen a diluir hubiese allí una maceración de abejas machacadas, cebolla, café, un trozo de muro de Berlín o antimateria es tan indiferente como si preparan el remedio cantando jotas o mirando a La Meca: lo importante es lo que hay finalmente en el producto.

Evidentemente, para los fabricantes sería un palo. Sería difícil, por ejemplo, justificar este auténtico atraco terapéutico…

Anuncio del 2LCL1: treinta cápsulas de azúcar a 84,90 € el envase

…teniendo que reconocer que

se trata de medicamentos homeopáticos en los que puede llegar a presuponerse la no existencia de moléculas del propio material de partida

(Y sí, la frase es una cita; concretamente es lo que el propio fabricante del potingue, Labo’Life, tuvo la desfachatez de alegar cuando le denegaron el permiso para venderlo… a pesar de lo cual sigue vendiéndolo).

Pero si hasta para vender una bolsa de pipas hay que indicar claramente qué hay en el envase, y solo lo que hay en el envase, ¿por qué puñetas hay que consentir que un laboratorio industrial cuente milongas si solo vende agua o azúcar?

La medida se completaría con otra: la prohibición de utilizar en la denominación del producto nombres alusivos a esas sustancias que se fueron quedando por el camino. Si en el envase ya no queda ni rastro de sal, ¿por qué se permite que se bautice como “natrum muriaticum” (sí, pásmense, eso es sal común y corriente)? Si el último rastro de arsénico desapareció hace varias sucusiones (afortunadamente), ¿no debería desaparecer también de la etiqueta? Y en cuanto al “excrementum caninum“… bueno, quizá ahí se podría hacer una excepción.

Remedios homeopáticos bautizados con el nombre (en latín macarrónico) de la sustancia original, a pesar de que ya no queda ni rastro de ella

En cualquier caso, se trataría de una modificación sencilla (apenas afectaría a un par de artículos de la Directiva Europea y los Decretos españoles sobre Autorización) y clarificaría mucho las cosas. Primero para los consumidores, que sabrían realmente lo que les está recomendando su médico o farmacéutico y en qué están tirando su dinero.

Pero también para los farmacéuticos: si a estas alturas alguien aún cree que tiene que vender estos productos porque la ley le obliga… bueno, en primer lugar que se lea esto, pero si aún no lo tiene claro que apoye la propuesta: podrá decir a los consumidores que la homeopatía es solo azúcar sin que lo equívoco de la etiqueta parezca llevarle la contraria.

Y si a los laboratorios homeopáticos no les gusta eso de que les obliguen a ser sinceros, pues nada, que se tomen una ración de su propia medicina. O sea, de agua y azúcar.


5 Comentarios

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RawandiRawandi

El ciudadano García, en el programa de la tarde de Radio Nacional, acaba de entrevistar a Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Al ser preguntado por la polémica sobre la venta de homeopatía en farmacias, el señor Aguilar dio una respuesta que ha debido de hacer las delicias de los homeópatas: dijo que se trataba de “un debate posiblemente intencionado”, que las agencias española y europea del medicamento han catalogado la homeopatía como medicamento, y que en consecuencia los farmacéuticos están obligados legalmente a venderlos, ya que “en España hay alrededor de 18000 médicos que prescriben homeopatía”.

SusoSuso

Atrincherados en sus Colegios, los presidentes y su “supremo” siguen defendiendo la mentira homeopática. Claro que es un “debate intencionado”; los que decimos que las bolitas mojadas deben salir de las farmacias solo tenemos una intención, que se dejen de ofrecer falsas terapias en los establecimientos sanitarios.
Lo que debe aclarar él es CUÁLES SON SUS INTENCIONES cuando apoya el engaño homeopático.

RawandiRawandi

“Atrincherados en sus Colegios, los presidentes y su “supremo” siguen defendiendo la mentira homeopática.”

Sí, la situación no puede ser más grotesca. Si las agrupaciones de astrónomos ya hace mucho tiempo que dejaron de defender la astrología, ¿por qué los colegios de farmacéuticos se empeñan en seguir defendiendo la homeopatía?

Francisco GarcíaFrancisco García

Pues no sé si te has dado cuenta, pero en la captura que has puesto de Labolife dice que está “indicado en el tratamiento de homeopatías malignas (sic)”. Sería para partirse de risa si no fuera algo tan serio.

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