Las vacunas y el olvido

Polio India NewDehli Amar Jyoti Charitable Trust Amar Jyoti Rehabilitation & Research Centre Karkar Dooma November 2002 Copyright WHO/P.Virot
Polio India NewDehliAmar Jyoti Charitable TrustAmar Jyoti Rehabilitation & Research Centre Karkar DoomaNovember 2002Copyright WHO/P.Virot

Cuando yo era un crío coincidía en los veraneos con un chaval que llevaba un aparatoso mecanismo en su pierna. No teníamos mucha relación: él era algo mayor que yo (y en esas edades “algo mayor” es un mundo de diferencia), y además su pierna renqueante y su muleta le obligaban a permanecer casi siempre en su casa, mientras que yo prefería irme de paseo en bicicleta. Pero tampoco es que yo lo esquivase como a un bicho raro: ya había visto a otros chicos con secuelas producidas por la poliomielitis y, como cualquier otro niño de mi generación, sabía y temía lo terrible que podía llegar a ser.

Pero eso me pasa porque soy muy mayor. Seguro que, cuando ayer se supo que un niño de seis años ha tenido que ser hospitalizado por difteria, muchas personas tuvieron que mirar en la wikipedia para saber lo que es, simplemente porque el último caso de difteria en nuestro país se registró en 1987, más o menos cuando se dio el último caso de polio (que fue en 1989), y como culminación de unas campañas de vacunación que en pocas décadas convirtieron estas y otras enfermedades en malos recuerdos del pasado.

Hasta ayer.

Naturalmente, el caso ha vuelto a abrir el debate sobre las vacunas, las causas del descenso de la vacunación en los países occidentales, los argumentos que esgrimen los antivacunas… aunque sospecho que esta vez la discusión va a ser breve. Para empezar, está claro que el niño no estaba vacunado, lo cual deja bastante claras la causa de la reaparición de la difteria y el papel que ha jugado en ella la falta de vacunación.

Tuit de Ángela Bernardo mostrando la eficacia de la vacuna contra la difteria

Por otra parte, el argumento de que buena parte de los casos de no vacunación de niños se deben a motivos no ideológicos, sino de exclusión social se ha utilizado a veces para quitar importancia al riesgo que representan los movimientos antivacunas, pero esta vez va a ser difícil: según parece, el niño no estaba vacunado simplemente porque sus padres son contrarios a las vacunas. Y en cuanto a los argumentos de los grupos antivacunas, pues poco hay que decir: ni las vacunas producen autismo, ni las creencias son una excusa para poner en peligro a sus hijos o a los de los demás. Y sí, es cierto que las vacunas son un negocio para las empresas que las comercializan, pero también hacen negocio los fabricantes de airbags, los de barandillas para los balcones o los de suelas antideslizantes para zapato, y no creo que también se nieguen a usar sus productos. Por no mencionar los otros negocios que pueden prosperar gracias a su actitud.

En fin, que no creo que pueda aportar nada a ese debate, y ni siquiera respecto a la forma de llevarlo a cabo. Pero sí quisiera hacer un pequeño apunte: a raíz de este caso se ha vuelto a escuchar la eterna pregunta de por qué la vacunación no es obligatoria en España.

Y la respuesta es muy fácil: porque no hacía falta. A mis padres, a nuestros abuelos, no hacía ninguna falta obligarles a vacunar a sus hijos: sabían perfectamente los riesgos de las enfermedades, podían ver sus consecuencias en su entorno, y en muchos casos habían perdido familiares por la polio, la tuberculosis, la viruela, el sarampión o el “garrotillo”, la entonces terrible difteria.

Fabiola Rodriguez en Twitter

Entonces terrible y hoy, simplemente, olvidada. Y esa es la clave: los padres del niño enfermo de Olot no son estúpidos, y probablemente ni siquiera tan fanáticos: al fin y al cabo llevaron a su hijo al hospital en lugar de tratar de curarle con sus “terapias naturales”. Pero probablemente no han conocido esa época anterior a la vacunación, no han vivido hasta ahora la tragedia de perder a alguien por una enfermedad perfectamente evitable. No han jugado con aquel chico con polio en el salón de su casa, porque a la calle no podía salir.

En un mundo ideal no haría falta obligar legalmente a vacunar. Ni a nada: en un mundo ideal no harían falta leyes. Pero no vivimos en ese mundo ideal, y a lo mejor ya va siendo hora de que nos planteemos la necesidad de otra reforma legal para recuperar esa otra memoria histórica. Para que no volvamos a vivirla.

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CarmenCarmen

Menuda mala baba tienes! Anda, y sigue inyectandote todo lo que quieras, sigue medicandote lo que quieras, y sigue financiando la indústria médica como ellos quieres! A mi me la pela! Pero no me taches de irresponsable!

Luis Enrique Zamora AnguloLuis Enrique Zamora Angulo

Tranquila. Abre tu mente y busca los testimonios de aquellos que vivieron años en la secta anti vacunas y ahora son libres, felices, y sus hijos sin consecuencia alguna de la “terrible vacunación”. Infórmate, esto no es una cuestión de fe.

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