La Universidad de León y su “cesta saludable”

Hace algunos años, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas aprobó la creación de la Red Española de Universidades Saludables, con una muy loable serie de objetivos:

  • Potenciar la universidad como entorno promotor de la salud de la comunidad universitaria y de la sociedad en su conjunto. 
  • Fomentar la Investigación y la Docencia en Promoción de la Salud. 
  • Favorecer el intercambio de experiencias en Promoción de la Salud. 
  • Promover y favorecer el trabajo conjunto entre los organismos de salud pública, las instituciones comunitarias y las universidades. 
  • Consensuar líneas estratégicas y de trabajo para llevar a cabo un proyecto de universidad promotora de salud. 
  • Posibilitar la elaboración y el desarrollo de proyectos comunes en las líneas estratégicas de la Red. 
  • Potenciar la participación internacional. 
  • Fomentar la oferta de servicios y actividades dirigidos a promocionar la salud de la Comunidad Universitaria.

Lo malo es que no resulta fácil saber a cual de ellos responde esta curiosa iniciativa de la Universidad de León: la venta de cestas de productos ecológicos.

Según dice la web de la Universidad, las cestas contienen “productos ecológicos de temporada, producidos  en la provincia de León“, cuyo contenido puede variar en función de la época del año, como es lógico, pero que en todo caso conviene consumir, dicen, porque los productos ecológicos

  • No contienen sustancias nocivas (como antibióticos, plaguicidas, conservantes, etc.), que pueden producir alteraciones en la salud y bioacumulaciones en nuestro organismo. 
  • Respetan los ciclos de la naturaleza, son sostenibles con el entorno y favorecen la biodiversidad autóctona. 
  • Se cultivan sin fertilizantes químicos ni pesticidas, de modo que no contaminan el suelo ni el agua, ni se acumulan en las plantas ni en nuestro organismo. 
  • No contienen Organismos Genéticamente Modificados (OGM), ya que están totalmente prohibidos por la agricultura ecológica. 
  • Son totalmente seguros, ya que tanto los productores como los suministradores están sometidos a control e inspección que aseguren su calidad y trazabilidad. 
  • Son más sabrosos y más nutritivos que los productos convencionales, como demuestran varios estudios científicos. 
  • Suelen ser variedades locales y tradicionales, adecuadas al entorno, que ya prácticamente se han perdido. 
  • Fomentan un estilo de vida sano y respetuoso con el medio ambiente, que valora el conocimiento y el trabajo campesino.

Afirmaciones todas ellas dignas de cualquiera de esas organizaciones ecologistas que se estarán imaginando, pero que desde luego no cuadran muy bien con lo que cabría esperar de una Universidad, y mucho menos de una que, con su adhesión a la Red de Universidades Saludables, se erige nada menos que en impulsora de los principios, valores y propuestas de promoción de la salud. Porque resulta que

  • Los productos ecológicos, como cualesquiera otros, sí pueden contener sustancias nocivas, desde las que forman parte del propio producto (como alérgenos o componentes tóxicos) hasta los pesticidas, abonos, etc. empleados durante su cultivo, por muy naturales que sean
  • Hablar de la sostenibilidad y la biodiversidad está muy bien, pero a la hora de la verdad la cosa no está tan clara. El problema es que, si bien se ha constatado que en la mayoría de los casos las explotaciones ecológicas presentan una mayor diversidad biológica que sus equivalentes convencionales, su menor productividad implica que necesiten más superficie y más recursos, por lo que su impacto ambiental por unidad de producción puede ser similar o incluso peor. De hecho, donde mayor caida de producción se produce es en cereales y cultivos de primera necesidad, lo que lo convierte en una alternativa inviable para producir alimentos a gran escala. Lo de que respeta los ciclos de la naturaleza también es cuestionable, puesto que la normativa de producción ecológica permite el madurado en cámaras y no pone ningun tipo de restricción respecto a emisiones de CO2 en transporte o producción. Así puedes encontrar piñas escológicas de Costa Rica en Londres o tomates en invierno, que se venden como ecológicos con todas las de la ley.
  • Es cierto que los productos de la agricultura ecológica no contienen Organismos Genéticamente Modificados, pero es que ningún producto alimenticio del mercado los contiene: la combinación de las exigencias legales en cuanto a su etiquetado y las campañas de terror contra los OGM los ha hecho sencillamente imposibles de comercializar en nuestro mercado. Aunque, eso sí, se siguen empleando en otros campos, incluyendo la fabricación de los billetes con los que podemos pagar nuestras cestas ecológicas
  • Y aunque podríamos hablar de la laxitud de los controles de la agricultura ecológica, que ya han dado más de un disgusto, no deja de tener gracia que se presuma de que la trazabilidad de los productos implica que son seguros justo después de mencionar los OGM, cuyos requisitos de trazabilidad y control son mucho más estrictos. ¿Tendremos entonces que preferir estos a aquellos? 
  • Tiene su gracia que, en el ámbito universitario, se asegure que los productos ecológicos son “más sabrosos y más nutritivos que los productos convencionales, como demuestran varios estudios científicos” pocos días después de que una revisión sistemática afirme precisamente lo contrario.

Y, en fin, las apelaciones a la tradición de las variedades empleadas o el estilo de vida campesino son muy románticas y nos tocan a todos el corazoncito, por supuesto, pero tampoco conviene olvidar que por ley la agricultura ecológica es la que se adapta a una normativa de producción y supera una acreditación oficial que avale este hecho, por lo que si se produce en un huertecito (universitario o no), pero no te rascas el bolsillo para pagar el proceso de acreditación, no puedes venderlo como ecológico sin estar incurriendo en falta administrativa.

En cualquier caso, se trata de afirmaciones propias de un productor de este tipo de productos que pretenda venderlo empleando eslóganes adecuadamente sentimentales, pero no de una institución educativa que debería ofrecer información rigurosa y científicamente contrastada. Porque, aunque lo de vender las cestitas o incluso ofrecer a sus estudiantes huertos con la condición de que los cultiven en ecológico (sic) quede muy bonito y sirva muy bien para acallar conciencias, más que al medio ambiente o a la salud a lo que ayuda es a la difusión de algo que, en el fondo, no deja de ser un timo.



1 Comentario

  1. Hola: Suscribo todo lo que dicen y me avergüenza, como miembro de la comunidad universitaria, que se utilicen argumentos de y para ignorantes con el único fin de hacer campañas publicitarias, campañas que por impresentables deberían estar prohibidas por las autoridades académicas.
    La Universidad debe ser un centro de debate y contrastación de ideas, no de difusión de creencias o ideas privadas

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Por Fernando Frías
Publicado el ⌚ 12 septiembre, 2012
Categoría(s): ✓ agricultura ecológica • ecolatría • Universidad de León