La explotada “orfandad” del clorito de sodio

Fotografía de un grupo de niños trabajadores de un taller, c. 1895

Una de las intenciones de Charles Dickens al escribir su magistral Oliver Twist era la de denunciar la situación de muchos niños huérfanos que eran utilizados como mano de obra prácticamente esclava, a cambio de un triste alojamiento y una comida que casi se asemejaba a aquel chiste de Dickens sobre la homeopatía.

¿Cómo? ¿Que no conocen el chiste? Dickens lo contaba en The Mudfog Papers, una serie de informes humorísticos de una imaginaria sociedad científica. En uno de aquellos informes se hablaba de un tal Profesor Muff, que usaba “el sistema de las dosis infinitesimales”, y tras comentar sus increíbles logros terapéuticos decía que

Un miembro [de la sociedad científica] pidió que se le informara si sería posible administrar, por ejemplo, la vigésima parte de un grano de pan y queso a todos los mendigos adultos, y la cuadragésima parte a los niños, con el mismo efecto satisfactorio que su asignación actual. “El profesor Muff estaba dispuesto a arriesgar su reputación profesional sobre la perfecta adecuación de esa cantidad de alimentos para el sustento de la vida humana; en los talleres, la adición de la decimoquinta parte de un grano de puding dos veces por semana la convertiría en una dieta energética”.

Chistes aparte, como decíamos la intención de Dickens era denunciar una práctica que sigue siendo una lacra en muchos lugares del mundo. Incluso en Europa siguió presente hasta épocas relativamente recientes.

Pero ahora vamos a hablar de otros huérfanos, y de otros explotadores. Los huérfanos en sentido figurado, los explotadores, ¡ay!, en un sentido muy real.

Uno de los principales problemas a la hora de encontrar un tratamiento para las enfermedades raras es que, precisamente por su baja prevalencia, es muy difícil que a las empresas les resulte rentable desarrollarlo. La investigación de nuevos medicamentos supone un gasto considerable para los laboratorios (para los de verdad; los de fantasía no tienen ese problema): a los costos del desarrollo de las nuevas moléculas y los ensayos farmacológicos, preclínicos, clínicos, etc., hay que añadir el hecho de que la mayoría de esas líneas de investigación no llegan a ningún lado, y hay que recuperar esos gastos de alguna manera. Y aunque no faltan los intentos de hacer trampa, la forma más sencilla de recuperar esa cuantiosa inversión es dedicarse a los tratamientos que previsiblemente tendrán una gran demanda y olvidarse de los que van destinados a un número más reducido de pacientes.

Para intentar paliar este problema se ha creado la figura del “medicamento huérfano”.

De acuerdo con la legislación europea, una empresa o un particular puede solicitar la declaración de un medicamento como “huérfano” si el producto cumple dos condiciones:

  • Que no resulte rentable, bien porque sirva solo para tratar enfermedades raras (es decir, que afecten a menos de 5 personas de cada 10.000, que es la definición oficial europea), bien porque se estime que su comercialización no cubrirá los gastos de desarrollo, y
  • Que no exista otro tratamiento alternativo, o al menos que el medicamento huérfano ayude al tratamiento.

La declaración permite que el patrocinador del producto sea considerado como titular de la patente del medicamento, permitiéndole acceder a una serie de ventajas e incentivos económicos para su investigación y desarrollo. En caso de que este desarrollo sea exitoso, el patrocinador podrá también solicitar a su nombre la autorización de comercialización del producto.

El procedimiento tiene muchas ventajas: gracias a estos incentivos resulta rentable investigar en tratamientos para enfermedades raras o en el uso terapéutico de sustancias baratas y/o no patentables (o, en el caso de la normativa norteamericana, patentadas para otros usos), así que no es raro que haya literalmente cientos de declaraciones de orfandad. Pero ojo, que eso no garantiza que los productos vayan a funcionar o las investigaciones vayan a resultar exitosas; de hecho buena parte de ellas acaban en nada.

Y algunas acaban como los huérfanos de los que hablábamos: explotadas de la forma más vil.

Grabado de Oliver Twist

El 19 de junio de 1993 la Agencia Europea del Medicamento otorgó el estatus de “medicamento huérfano” al clorito de sodio. Se trata de una declaración que, como hemos visto, no implica una autorización de comercialización, sino de investigación. Y, en este caso, como tratamiento para una enfermedad muy concreta: la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Lo cual, por cierto, resulta un tanto extraño: el uso de este producto como tratamiento para la ELA se popularizó más entre los enfermos que entre los investigadores, y con resultados francamente malos. Sin embargo, la empresa patrocinadora del producto (la británica Shore Limited, recientemente sustituida por la alemana FGK Representative Services GmbH por aquello del brexit) debió haber presentado algún tipo de estudio preliminar para obtener la declaración.

Y no mucho más, porque la ficha de la Agencia no refleja ningún otro documento aparte del sumario de la declaración (pdf). Vamos, que no parece que la investigación esté avanzando demasiado.

Pero volvamos atrás, concretamente al producto declarado “huérfano”. El clorito de sodio es una lejía muy utilizada como blanqueador industrial… y como Bálsamo de Fierabrás por diversos mercachifles pseudoterapéuticos, que suelen comercializarlo como “MMS”. En Naukas ya hemos hablado alguna vez del producto (aquí y aquí); aquí tienen un artículo bastante completito, y aquí la alerta de la AEMPS declarándolo medicamento prohibido.

No, esto no es un medicamento, sino una lejía de uso industrial. Y quien se lo venda como medicamento no es un terapeuta, es un estafador peligroso.
No, esto no es un medicamento, sino una lejía de uso industrial. Y quien se lo venda como medicamento no es un terapeuta, es un estafador peligroso. | Bidones de clorito de sodio

Declaración que, por supuesto, no ha servido absolutamente de nada. Una simple búsqueda por Google muestra decenas de establecimientos que venden el producto (a pesar de la “ocupación y preocupación” de nuestra ministra ante estas cosas), mientras los tribunales, recordando una vez más que el Derecho Penal no ampara a incautos, absuelven a los charlatanes que lo prescriben y comercializan.

Y que presentan la declaración como “medicamento huérfano” para investigarlo como posible tratamiento para el ELA como si fuese una aprobación de comercialización para curar todo lo que se les pase por su calenturienta imaginación.

Así que, aprovechando que la lejía ha vuelto a pasar por la tele (esta vez para denunciar su venta), vamos a recordarlo una vez más: por mucho un Doctor en Biofísica, un empresario predicador de las bondades de los productos que vende o un timador que dice hablar en nombre de Jesús intenten “explotar” su “orfandad”, el clorito de sodio o MMS es una lejía de uso industrial, no ha sido autorizado como medicamento y su uso puede ser extremadamente peligroso.

Jim Humble, promotor del supuesto uso terapéutico del clorito de sodio, explicando su utilización para "tratar" el cáncer.
Jim Humble, promotor del supuesto uso terapéutico del clorito de sodio, explicando su utilización para “tratar” el cáncer.

No deje que le vendan cuentos. No sea que, al final, los que se queden huérfanos sean los hijos de quienes se sometan a los “tratamientos” de esa gente.


2 Comentarios

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AntonioAntonio

Es evidente que necesitamos una reforma jurídica profunda. Por desgracia, ningún partido con algún escaño está por la labor.

Jesus Gerardo Rodriguez Flores

Uno de esos “mercados” donde se vende el MMS es para “curar el autismo”. Muchos padres en extrema desesperación por la parte de progresos terapéuticos en sus hijos, les están dando MMS. Por supuesto no resulta en nada, solo es serios trastornos gastrointestinales de los niños.
El autismo es un síndrome neurológico, y como todo síndrome no tiene cura. Pero muchos charlatanes aprovechan la desesperación de las familias para hacer grandes negocios a costillas de la salud de los pacientes.

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