Los márgenes de Duque y Montón (III): paréntesis ucrónico

Seguro que más de una vez ha recibido un aviso explicando que no le han podido entregar un paquete porque no había nadie en su casa, a pesar de que estaba usted, su familia y varios parientes lejanos, el vecino de enfrente que viene siempre a gorronear una cervecita, el fontanero intentando arreglar una cisterna que pierde agua y una pareja de testigos de Jehová que habían venido a traer los impresos de protección de datos. O bien se encuentra con que la web le informa que ya le han entregado un encargo que realmente aún tardará un par de días en llegar. O llama a la puerta un empleado de la agencia de transportes para informarle amablemente de que, como su dirección no existe, no pueden entregarle el pedido.

Estas y otras muchas incidencias suelen producirse siempre con la misma empresa de transportes, así que solemos pensar que son un desastre motorizado. Sin embargo, el otro día descubrí que no es así: el problema no es que la gestión de esa empresa sea calamitosa, sino que su negocio es extraordinariamente complicado, ya que no solo transportan paquetes entre lugares geográficamente distantes, sino también entre universos paralelos.

Empleados de la compañía de transportes en plena faena

Claro, así todo tiene explicación. Si la empresa dice que no estaba usted en casa es porque su yo de tres universos más a la izquierda no estaba en casa (porque en ese universo él es el vecino gorrón, y estaba en la casa de enfrente saqueando la despensa). Si la empresa dice que le han entregado ya el paquete es porque en otra realidad alternativa se lo han entregado ya. Y si le dicen que su calle no existe es porque en algún lugar del multiverso su Ayuntamiento no solo no se digna en limpiar su acera o cambiar la bombilla de la farola que lleva fundida más de un año, sino que ni siquiera ha construido esa calle.

En fin, que es inevitable que en un negocio de esas características se produzcan errores, pero una vez se le pilla el truco incluso es posible comunicarse con los diversos yoes alternativos que pueblan el espaciotiempo multidimensional.

Y eso es justamente lo que me pasó el otro día, cuando mi yo de un universo de aquí al ladito me hizo llegar una tarjeta SD con un archivo de vídeo. Resulta que en su realidad la moción de censura de Pedro Sánchez no tuvo éxito, de modo que Mariano Rajoy sigue siendo presidente de gobierno. Y claro, Dolors Montserrat sigue siendo ministra de Sanidad. El vídeo recoge el momento en que, por fin, en cumplimiento de lo dispuesto en su famosa Orden Ministerial, se pone en marcha el proceso de legalización de los productos homeopáticos.

Lamentablemente, el formato del vídeo no es compatible con la Internet de nuestro universo, así que me he visto obligado a transcribirlo. Y aquí está, con todo lujo de detalles pero sin cambiar ni una coma.

Aunque sí le he puesto título:

¡Bienvenido, Mr. Hahnemann!

La acción transcurre en el despacho 1023 de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dedicado a la gestión de las autorizaciones de productos homeopáticos.

Se trata de una estancia bastante extraña: el estilo de los muebles es claramente de mediados de los años noventa del pasado siglo, pero están completamente nuevos y sin estrenar, por lo que el espectador no termina de saber si se trata de un despacho que nunca se ha utilizado en casi veinticinco años, o bien es obra de uno de esos diseñadores capaces de convencerte de que esos muebles, a pesar de ser idénticos a los que te aburriste de ver en tu infancia, son la últimísima moda, lo que justifica que te pida por ellos un precio astronómico.

El mobiliario, en cualquier caso, se compone de una mesa de despacho con su correspondiente sillón, unas sillas para visitas, algunos archivadores y poco más. La mesa y las sillas se encuentran sobre una alfombra llena de bultos y protuberancias, como si alguien hubiese ocultado debajo de ella 19.000 desestimaciones de autorización recaídas por silencio administrativo.

La decoración de las paredes es aún más escasa: aparte de un retrato de Juan Carlos I (de la época en que aún no era “emérito”) solo hay un póster con un ovni y la leyenda “I want to believe” (al fin y al cabo aquí se gestionan los productos homeopáticos, como ya hemos indicado) y la cabeza de un ciervo cazado en un coto de Toledo.

En definitiva, todo tiene un aspecto rancio y tristón, incluyendo el rostro del pobre ciervo, que parece preguntarse qué ha hecho él para ir a parar a este despacho.

La puerta de entrada está a la derecha del espectador. Al alzarse el tenor está cerrada, pero se oye cómo alguien está hurgando en la cerradura. Tras lo que suena como varios intentos de dar con la llave adecuada, la puerta por fin se abre.

Entran AVELINO y DOLORS.

AVELINO es un individuo de entre cuarenta y cincuenta años, calvo y corpulento, vestido con un traje cruzado. Vamos, que es clavadito, clavadito, al gran Manolo Morán. De hecho, sería el actor ideal para representar el papel si no fuera porque falleció hace muchos años, aunque, ¿quién sabe?, quizá si probasemos con homeopatía…

DOLORS, por su parte, es idéntica a Dolors Montserrat.

Por exigencias del guión, que es así de borde, ambos llevan atuendos tópicamente (más que típicamente) andaluces, incluyendo una peineta y falda de volantes para ella, y traje corto y sombrero cordobés para él.

AVELINO [guardándose en el bolsillo un manojo de llaves]: ¿Ve como no era buena idea lo de la inauguración oficial, señora ministra? Imagine que la media hora que nos hemos tirado buscando la llave la hubiésemos tenido que pasar delante de la prensa. Como para darles más carnaza, con la ojeriza que le han tomado a este tema…

DOLORS: Sí, es algo que me ocupa y me preocupa.

AVELINO: Y tanto. Como que no hace ni diez años decíamos aquello de que “no son chuches, son medicamentos”, y los medios picaban como pardillos.

Fragmento de un reportaje sobre homeopatía publicado por “El País” en 2010. Curiosamente (o no), tras recibir bastantes protestas el periódico quiso contrastar las supuestas declaraciones de esos “representantes de la AEMPS”, pero no dio con ellos.

DOLORS: ¿Y ya no?

AVELINO: Es que los periodistas científicos y sanitarios han ido adquiriendo prestigio y los medios les hacen caso, y entre eso y que los escépticos no dejan de dar el coñazo (y usted perdone la manera de señalar) no levantamos cabeza. Fíjese que el otro día comenté con un periodista que me iba a reunir con representantes del sector, y ¿sabe lo que me replicó?

DOLORS: ¿Qué?

AVELINO: Que si era gente de Azucarera Española S.A.

[DOLORS se queda parada un momento, luego empieza a reírse y después decide que no tiene que reírse y pone cara seria de nuevo. Pero AVELINO no le hace caso y sigue hablando].

AVELINO: Y para colmo el numerito que nos montaron las Comunidades Autónomas el otro día con lo de la Orden Ministerial. ¿Se acuerda de la valenciana? Que si qué pasa con las tasas, que si cómo vamos a saber que no se nos cuela nadie, que si las rebajas fiscales son ilegales…

DOLORS: Uf, sí.

AVELINO: No lo entiendo. Si ella sabe que esto en realidad no son medicamentos de verdad, ¿qué espera, que les apliquemos la ley de verdad? Yo…

[Le interrumpe una llamada a la puerta].

LLAMADA A LA PUERTA: ¡Toc, toc, toc!

AVELINO: ¡Ya vienen! [Se arregla un poco la corbata y luego deja el sombrero sobre la mesa y empieza a atusarse el cabello, pero entonces recuerda que es tan calvo como el autor de estas líneas, así que se vuelve a ajustar la corbata, se sienta en la silla y adopta una postura erguida. DOLORS sigue de pie junto a la mesa].

AVELINO [elevando la voz]: ¡Adelante!

Se abre la puerta y entra VALERIE. Se trata de una mujer rubia, de ojos azules, vestida con elegancia aunque con una mirada que denota un cierto despiste. Lleva un traje sobrio de ejecutiva y un portadocumentos de cuero.

Cabe la posibilidad de que no se inspire en ninguna persona realmente existente. O sí, quién sabe.

VALERIE [con acento francés]: ¡Bon jour!

AVELINO [poniéndose en pie y haciendo un amago de reverencia]: Adelante, adelante. Está usted en su casa, señora… señora…

VALERIE: Llámeme Valerie, a secas.

AVELINO: Por supuesto, señora Valerie. Avelino Núñez Marqués, a su servicio. Un placer. ¿En qué puedo ayudarla?

VALERIE: Pues verá, venía a ver si podía autorizar unos medicamentos…

[Se hace un momento el silencio. AVELINO y DOLORS se miran uno a otro, con sorpresa].

VALERIE [dándose cuenta de la estupefacción de los otros]: unos medicamentos homeopáticos, quiero decir.

[DOLORS y AVELINO lanzan un suspiro de alivio. AVELINO da la vuelta a la mesa y caballerosamente sujeta una de las sillas de visita para que VALERIE se siente cómodamente. Luego toma asiento en su sillón. DOLORS permanece de pie a su lado].

AVELINO: ¿Está cómoda? ¿Le apetece a usted algo? ¿Un café, un refresco?

VALERIE: No, gracias.

AVELINO: ¿Un vaso de agua? Aunque me imagino que usted tomará mucha…

VALERIE: No, gracias, estoy bien.

AVELINO [Sacando de su chaqueta un bocadillo envuelto en papel de aluminio]: ¿Y un pequeño tentempié? Es de Nocilla.

VALERIE: No, gracias, yo soy más de Nutella.

AVELINO: Pues nada, no se hable más. Pero si desea algo no tiene más que pedírmelo, ¿eh? Decía usted que venía a autorizar unos me… unos me… [se aclara ruidosamente la garganta pero no consigue decir más que “me”].

VALERIE: Unos medicamentos homeopáticos.

AVELINO: Sí, eso, muchas gracias. No me salía la expresión. Pues nada, ha venido usted al sitio adecuado. ¿Y qué me… me… qué productos homeopáticos, concretamente?

VALERIE: Pues mire, lo primero son estos productos [saca un sobre de su cartera y lo deja en la mesa frente a AVELINO]. Queremos autorizarlos con indicación terapéutica aprobada, pero… [vacila un poco y luego prosigue bajando la voz] pero el caso es que de algunos no tenemos ensayos clínicos y los que sí tenemos son una birria…

AVELINO [sonriendo de oreja a oreja]: ¡Pero por favor, señora, no se preocupe por eso! ¡Ya le he dicho a usted que está en su casa! Aquí vamos a darles toda clase de facilidades ¿Verdad, señora ministra?

DOLORS: ¡Digo!

AVELINO: La homeopatía es la medicina del futuro, directamente llegada desde el siglo diecioch… bueno, que es la medicina del futuro, y vamos a hacer todo lo posible para facilitar su legalización. ¿No es así, señora ministra?

DOLORS: ¡Ojú!

AVELINO: De modo que si usted no tiene ensayos clínicos no se preocupe: se los aprobamos sin ensayos clínicos.

VALERIE: ¿Sin ensayos clínicos?

DOLORS: ¡Arsa!

AVELINO [dirigiéndose a VALERIE]: Ea, ya lo ha oído usted. Dice usted que esos productos funcionan, ¿no?

VALERIE: Bueno, mi abuelo decía que sí.

AVELINO [tomando notas en un papel]: “Acreditación bibliográfica de su uso tradicional”. Pues muy bien, es suficiente.

VALERIE [un tanto sorprendida]: Bueno, estooo, bien. Y también quería legalizar estos otros, que van sin indicación terapéutica… [Saca otro sobre, enorme]

AVELINO [cogiendo el sobre y guardándolo en un cajón]: Pues ya está, aprobados.

VALERIE: ¿Todos? Es que algunos no están muy diluidos, o son inyectables, y no sé si la normativa

AVELINO [haciendo grandes aspavientos con los brazos]: ¡Pero señora mía, si ya le he dicho que aquí estamos a su disposición! ¿Que hay que ignorar un poquito las leyes? Pues se ignoran, que no pasa nada.

VALERIE [cada vez más pasmada]: Estooo… bueno, pues muchas gracias. Voy a pagar las tasas… [Saca un monedero]. Si no me equivoco son 1.982.465 Euros con tres céntimos, ¿verdad?

AVELINO: No, señora.

VALERIE [poniendo cara de susto]: ¿No?

AVELINO: No. Claro, usted ha venido con ese dinero pensando que la ley dice que hay que pagar una tasa por el producto principal y una tasa por cada una de sus extensiones, ¿verdad?

VALERIE: Sí, claro.

AVELINO: Pues olvídese. Ya le he dicho que estamos entre amigos, así que las extensiones no se las vamos a cobrar.

El borrador de Orden Ministerial de 2013: tal y como se pactó con la industria, en vez de una tasa por dilución solo tenían que pagar una por el conjunto de todas ellas.

VALERIE [poniendo los ojos como platos]: ¿De verdad? Pues gracias [Empieza a hurgar en el monedero].

AVELINO: ¡Pero espere, que hay más!

VALERIE [con cara de pensar que está ante un chiflado]: ¿Más aún?

AVELINO: ¡Sí, más! Porque no solo le vamos a perdonar lo de los ensayos clínicos, o las diluciones insuficientes, y no solo vamos a dejar de cobrarle las extensiones: además de todo eso… ¡vamos a cobrarle solo la tasa por renovación en vez de la tasa de autorización!

La Memoria que acompañaba al borrador de Orden de 2013 reconocía que las rebajas se debían a las peticiones de la industria. Con dos… narices, o lo que sea.

VALERIE [con una cara de pasmo completo]: Pues, pues, pues… ¡pues gracias!

[AVELINO saca de un cajón una enorme máquina de calcular de manivela y la pone encima de la mesa].

AVELINO: A ver, señora Valerie, dígame. ¿Cuántos productos ha traído usted?

VALERIE: Pues son 38 productos con indicación y 3.743 sin indicación…

AVELINO: No, no, sin las extensiones.

VALERIE: Ah, entonces son 33 productos con indicación y 619 sin indicación.

[AVELINO teclea rápidamente en la máquina, saca el papel con los cálculos y sonríe triunfante].

AVELINO: Pues son… 240.832 euretes con noventa y cinco euros.

VALERIE: ¿Solo?

AVELINO: Nada más. Buena rebaja, ¿eh?

VALERIE: Pues sí. Estoooo, muchas gracias. ¿Y la multa?

AVELINO: ¿La multa?

VALERIE: Sí, la multa por llevar veintitrés años vendiendo los productos sin autorización.

AVELINO: ¡Por favor, señora! ¡Ya le he dicho que estamos entre amigos! ¡Invita la casa! España, aunque no lo sepa, es así de generosa.

VALERIE [tan sorprendida que hasta tartamudea]: ¡Pu… pu… pues muchas gracias!

[VALERIE se levanta, saluda con una pequeña reverencia y se dirige a la salida. AVELINO se levanta como un rayo, la adelanta, le abre la puerta y le cede el paso con tal reverencia que raya el suelo con los dientes. VALERIE sale. AVELINO cierra la puerta y se vuelve hacia DOLORS].

AVELINO: ¿Ha visto usted? Pan comido.

DOLORS: Bueno, lo mío es el derecho urbanístico, no esto, pero… ¿está seguro de que hemos hecho lo correcto?

AVELINO: Totalmente, señora. Todo sea en pro de la salud de la población. Y gracias a este esfuerzo fiscal y burocrático la ciudadanía contará con la ayuda de esa poderosa medicina del futur… de la homeopatía. Las generaciones futuras nos lo agradecerán.

DOLORS: No sé…

AVELINO: Seguro que sí, ya lo verá.

DOLORS: Bueno, si usted lo dice…

[DOLORS se va con cara de perplejidad. AVELINO espera a que la ministra salga, mira la cabeza de ciervo y le guiña un ojo. A continuación sale cantando una cancioncilla].

AVELINO [cantando]:

Homeopatíaaaaa, te autorizamos con alegríaaaa!

Viva el tronío de esos remedios tan diluídos.

Olé Weleda y olé Boirón, y la IberHome

que es un bombón, que es un bombón…

Os recibimos, dulces placebos con alegría,

Olé mi mare, olé mi suegra y olépatíaaaa…

TELÓN.

DISCLAIMER: Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, por supuesto, pero el cambio de gobierno nos ha privado de comprobar si esta escena hubiera llegado a materializarse, así que se queda como ficción. Basada en hechos reales (la Orden Ministerial, los borradores anteriores, declaraciones de la directora de la AEMPS, el vademecum de cierta multinacional francesa…) pero ficción, afortunadamente, sin más ánimo de hacer reír. Y pensar.

4 comentarios

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Raquel García Delgado Raquel García Delgado

Que sepas que he cantado con Avelino jajajajajaajaaa
De verdad, lo bien que escribís, qué envidia

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